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China ya no es el inversionista minero número uno del Perú

El portafolio de inversiones mineras en nuestro país ha tenido un claro dominador en los últimos diez años: China. Desde el 2009, el coloso asiático ha poseído siempre la mayor tajada de esta torta, llegando a manejar hasta US$19.189 millones en proyectos en el 2015: el 33,5% de la cartera minera de ese entonces.

Por esta razón, ha causado sorpresa la noticia de que el Reino Unido ha desplazado a China como el primer inversionista del sector minero peruano.

Según información del Ministerio de Energía y Minas (MEM), actualizada a noviembre del 2018, las empresas británicas suman proyectos mineros por US$11.930 millones (el 20% de la cartera corriente) versus US$10,155 de las empresas del país asiático (17,2%).

Dicha estadística tiene una clara explicación: la salida de la cartera de Las Bambas (US$10.000 millones) y la ampliación de Marcona (US$1.100 millones), que “han dejado de ser proyectos para convertirse en minas”, señala Guillermo Shinno, ex viceministro de Minas.

Pero, ¿hay nuevas inversiones chinas para reemplazarlas? ¿Cuál es el panorama para la inversión minera procedente del gigante asiático?

DE MARCONA A LAS BAMBAS
Pocos lo recuerdan, pero la historia de la inversión de China fuera de sus fronteras comienza en el Perú, con un yacimiento minero: Marcona, productor de hierro que el gobierno privatizó en 1992 y que fue adquirido en apenas US$120 millones por la siderúrgica Shougang.

“Hoy ese número parece bastante pequeño, sobre todo, si lo comparamos con los miles de millones que MMG pagó por Las Bambas [US$7.900 millones]. Pero es un hito histórico conocer que nuestro país fue el primero que recibió la gran inversión china fuera de la misma China”, anota José Tam, presidente de la Cámara de Comercio Peruano China (Capechi).

Desde 1992 hasta la fecha, en efecto, mucha agua ha corrido debajo del puente. En ese lapso, las empresas chinas han invertido US$18.400 millones en nuestro país (fundamentalmente, en minería), lo que nos convierte en el segundo principal destino de las inversiones del ‘dragón rojo’ en Latinoamérica después de Brasil (US$61.000 millones).

¿Cuál es el caso de las inversiones chinas a futuro?

INVERSIONES AL 2021
Según declaraciones vertidas en junio pasado por el embajador de China en Lima, Jia Guide, el coloso asiático tiene la intención de invertir US$10.000 millones adicionales en el Perú hasta el 2021, la mitad de ellos en minería.

Eso incluye un proyecto concluido en 2018: la ampliación de Marcona (US$1.100 millones); un proyecto en construcción: la ampliación de Toromocho (US$1.350 millones); y uno cuya luz verde es aplazada año a año: Pampa de Pongo (US$2.200 millones).

En la incógnita están otros dos megaproyectos adquiridos por empresas chinas años atrás: Galeno (US$3.500 millones) y Rio Blanco (US$2.200 millones), ambos paralizados por conflictos sociales y políticos.

“Fuera de eso, lo que se ve es mucha actividad en negocios pequeños, como exploraciones, joint ventures en algunos proyectos y compra comercial de concentrados. Los chinos hasta hoy no piensan irse. Siguen buscando oportunidades de forma permanente”, apunta Miguel Cardozo, presidente de la minera junior Alturas Minerals.

Quedan en la retina del sector minero, efectivamente, el interés mostrado por Greenovo y China Nonferrous Metal en la fundición de La Oroya (Doe Run), y el intento de Zhongrong Group (operador de Pampa de Pongo) por adquirir los activos de hierro de la junior Strike Resources en Apurímac y Cusco.

¿Por qué los chinos no van por proyectos más grandes?

PROYECTOS A LA MEDIDA
En esencia, explica Guillermo Shinno, porque no hay muchos megaproyectos disponibles para venta o desarrollo hoy en día.

“Salvo Pampa de Pongo, que no se sabe cuándo se hará realidad [si en el 2020 o no], el resto son proyectos más pequeños. Siempre hay interés, pero no están encontrando otro proyecto grande para invertir”, señala.

Según Cardozo, eso incluye los proyectos en manos de mineras junior –siempre dispuestas a venderlos- como Cañariaco (US$1.600 millones) y Cotabambas (US$1.533 millones), que presuponen grandes inversiones, pero que aún se encuentran en etapa de prefactibilidad y necesitan, en consecuencia, “desarrollarse un poco más”.

A ello cabe añadir los desafíos socioambientales que enfrentan proyectos chinos bastante avanzados, como Galeno (Cajamarca) y Río Blanco (Piura).

Y un factor negativo que todas las empresas mineras –independientemente de su nacionalidad– han estado tomando muy en cuenta en el último año: el conflicto geoestratégico entre EE.UU. y China.

TRUMPS VS. XI JINPING
La opinión generalizada es que se ha abierto una puerta para solucionar este conflicto, tras el acercamiento iniciado en la Cumbre del G-20 (diciembre de 2018) entre Donald Trump y Xi Jinping, posiblemente, el líder chino más enérgico desde Mao Tse Tung.

Así lo creen Capechi y la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía, gremio que ha expresado su convencimiento de que el precio del cobre volverá a recuperarse en el segundo semestre del 2019.

“La guerra comercial ya ha tenido sus efectos –tercia Elmer Cuba, socio director de Macroconsult-. La primera víctima ha sido China, que ha frenado su crecimiento en el 2018, y la otra ha sido el cobre (ver gráfico). Pero eso ya ocurrió. Ya nos afectó. El dólar ha subido, pero hemos soportado ese choque”, remarca.

En su opinión, el conflicto entre EE.UU. y China no va a continuar. Pero, de continuar, asegura que el Perú está preparado porque tiene una ventaja estructural: el bajo costo de extracción de sus minas en comparación con otros países.

“La gran minería peruana se encuentra en el quintil inferior del cash cost mundial. Ello se debe a que tenemos minas nuevas, como Antamina y Las Bambas, que están reemplazando a las viejas (más costosas). Así que, si la guerra comercial continúa, seremos los últimos en caer”, remarca.

¿Existe el riesgo de un conflicto más largo?

CHINA VS. ESTADOS UNIDOS: ¿UN NUEVO ORDEN MUNDIAL?
El miércoles pasado, China acaparó titulares económicos con su intención de participar en el desarrollo del puerto de Chancay (US$3.000 millones) a través de la naviera Cosco, iniciativa que se enmarca en el plan para invertir US$10.000 millones al 2021.

Se trata de una noticia alentadora, pero que no disipa, según algunos especialistas, la noción de que el coloso asiático actuará con pies de plomo por un tiempo.

“Creemos que la tendencia de las inversiones chinas en el Perú y el mundo se va a mantener. No subirá ni aumentará, pero se ejecutará con lentitud”, apunta Diego Valdivia, analista senior de aduanas y comercio exterior de KPMG.

En su opinión, el plan de invertir US$10.000 millones en el Perú se mantendrá, pero con una demora de 3 o 5 años. ¿La razón? La guerra comercial con EE.UU. y el lento crecimiento de la economía china, que puede llegar a anotar un mínimo de 6,2% en el 2019.

De igual parecer es Juan Carlos Guajardo, director de la consultora especializada en cobre, Plusmining (con base en Santiago de Chile).

A su entender, el apretón de manos entre Trump y Jinping puede “arreglar la disputa comercial entre EE.UU. y China”, pero no la “lucha por la hegemonía geoestratégica mundial”, que ya se ha desatado entre ambos países.

“Lo que hemos estado viendo desde mediados del 2018, y que se extenderá hasta mediados del 2019, es un período de fuerte incertidumbre que antecederá a un nuevo orden mundial: uno en el que EE.UU. y China ya no cooperarán, sino que se disputarán y competirán por los mercados”, explica.

Apunta, sin embargo, que esto no será malo para la minería, pues cuando esta “internalice la nueva realidad” y la vea “como parte del paisaje”, volverá a ser influida por los fundamentos del cobre, que son muy fuertes.

Eso significa que China volverá a buscar recursos mineros, no solo en el Perú, sino en todos los países donde exista potencial de proyectos factibles de explotar.

Entretanto, advierte Guajardo, las grandes decisiones de inversión estarán en pausa. Un ejemplo sería el aplazamiento del inicio de construcción de Pampa de Pongo, del 2019 al 2020, debido a esta problemática y a las complejidades técnico-geológicas de su explotación, según indicaron especialistas consultados para este informe.

Fuente: EL COMERCIO.

 

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