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El futuro de Tantahuatay es el cobre

Víctor Gobitz, Gerente General de Cía. de Minas de Buenaventura, concedió gentilmente una entrevista a MINERÍA & ENERGÍA para comentar sobre la exitosa y tranquila operación de la mina Tantahuatay, operada por Coimolache, en Cajamarca.  La mina actualmente es de oro, pero en un futuro cercano deberá convertirse en una mina de cobre.

¿Qué nos puede comentar sobre la asociación de Southern y Buenaventura en Tantahuatay y que funciona muy bien en la zona?

Como siempre lo comentamos en los planes de crecimiento de Buenaventura, en algunos casos, desarrollamos proyectos solos y en otros vemos por conveniente asociarnos.  En el caso de Coimolache, que es un proyecto que comenzó a producir en el 2011, se trata de una asociación en donde participa Southern Perú y Buenaventura, que es el operador. 

Este es un yacimiento que extrae óxidos con contenidos de oro que son lixiviados.  En el largo plazo, tenemos un proyecto de cobre que estamos desarrollando dentro de la misma huella operativa. El acuerdo que tenemos con Southern, es que sí después de ser una mina de oro la convertimos en una mina de cobre, la parte de cobre sería operada por Southern. En el Directorio participan los representantes de Southern, de Buenaventura, además de otros miembros.  Podemos decir que tenemos una relación cordial y fructífera en Cajamarca.

¿Cuál es el tiempo de vida de la etapa de oro de Coimolache?

Al día de hoy, con la información visible, en términos de reservas la vida de la mina se extiende hasta el año 2022.  Estamos haciendo exploraciones para extender ese periodo y a su vez se hacen exploraciones en la zona de cobre para preparar la ingeniería y construir un proyecto de larga vida, que sería una mina de concentrados de cobre.

¿Qué nos puede comentar sobre el funcionamiento de la planta y sus características, que a pesar de ser pequeña funciona muy bien?

La planta de Coimolache es mediana y utiliza la lixiviación en pilas para procesar los óxidos de oro de Tantahuatay para producir en el orden de 150 mil onzas de oro al año. Actualmente la planta funciona a su máxima capacidad.  La lixiviación es una tecnología que llegó al Perú en los años 90 con el desarrollo de Yanacocha, que nuestra industria minera la adoptó y se utiliza en los proyectos de óxidos de oro, similares al de Coimolache.

¿Nos puede compartir que avances se están haciendo en exploraciones en la zona?

Esa parte del proyecto todavía no es pública. Tenemos un avance importante, como lo hemos comentado hay un proyecto de cobre dentro de la huella de Tantahuatay, está en plena exploración, estamos haciendo la ingeniería para poderlo dimensionar.  Esperamos el próximo año tener más claridad en términos de volumen, de la inversión, que requiere este proyecto.  Pero la conversión de oro a cobre es algo evidente.

Tenemos un programa de exploración en óxidos para ampliar la vida al año 2022.  También tenemos otro plan exploración e ingeniería en los sulfuros para tratar de definir un proyecto y no generar un descalce.  El programa está en la etapa de diseño, de modo que cuando se culmine el proyecto de óxidos, ingrese de inmediato el proyecto de sulfuros. Para el proyecto de cobre estamos tratando de construir un proyecto de larga vida, que se mantenga por décadas.

¿Cuánto tiempo tomarán las etapas de estudio?

Creemos que dos años, 2019 y 2020, van a ser de exploraciones e ingeniería para dimensionar los proyectos en términos de capacidad de producción, rentabilidad, etc.

¿A cuánto asciende la inversión en estos proyectos de exploración?

Este año, en el caso de la exploración por sulfuros es en el orden de los US$15 millones. En la actividad por óxidos y las exploraciones alrededor de US$7 millones.

¿Por qué las unidades de Tantahuatay y de La Zanja están a cargo de una sola gerencia?

Hemos simplificado la organización, hemos integrado la Zanja y Coimolache (Tantahuatay) a través de un solo equipo de gestión operativo.  Tienen una sola gerencia y hay servicios comunes que se comparten, como la administración, logística o planilla. Debido a la cercanías de las unidades y también porque tienen dimensiones similares.  Considerando que la compañía siempre está en la búsqueda de ser más eficiente en términos de costos. No tenía sentido duplicar el soporte en esa zona.

¿Qué representan para Buenaventura estas dos operaciones?

Ambos son proyectos que producen oro, en la Zanja somos socios con Newmont y en Coimolache somos socios con Southern, si uno suma La Zanja y Coimolache, el 100 por ciento de ambas operaciones producen más de 220 mil onzas de oro al año.  Pero ambas, en el largo plazo, se tienen que convertir en minas productoras de cobre.  Entonces, en las dos minas tenemos proyectos de exploración vinculados a dimensionar el yacimiento de cobre y diseñar la ingeniería suficiente para hacer esa conversión. Ambas tienen el mismo desafío.  Lo mismo sucede en Yanacocha, en líneas generales en toda la región Cajamarca, por el tema geológico en estas minas se requiere una conversión de mina de oro a cobre.  En el largo plazo, la explotación será del cobre. 

Actualmente buena parte personal que trabaja en Tantahuatay es de la zona, de Cajamarca, ¿la empresa se propuso que sea así?

La empresa San Martin Contratistas ha tratado de privilegiar, dar prioridad al empleado local. Para ello se hace un esfuerzo muy importante para la capacitación y con éxito se logra el mayor impacto económico en el entorno donde opera la mina.

¿Qué nos puede comentar sobre el relacionamiento con las comunidades del entorno de Tantahuatay? ¿Cómo se logró el acercamiento y lograr la tranquilidad para operar?

Tenemos un departamento que se ocupa del relacionamiento con las comunidades.  Pero es importante destacar que aquí en el norte del país, en Cajamarca, se presenta una situación bastante distinta a la que existe en el centro y sur del país.  Aquí los terrenos superficiales son de la comunidad andina, pero además han sido parcelados, entonces hay un derecho adquirido de cada comunero como parcelero (propietario).  Hay una dinámica de compra de tierra, con un relacionamiento a dos niveles.  A nivel de la comunidad, de toda la población en su conjunto, y otro a nivel individual, con el propietario o el parcelero.

 Es algo bien distinto si uno lo compara con zona de la sierra central y la sierra sur, donde el propietario de la tierra es uno solo, que es la comunidad campesina. 

En nuestro caso, el secreto del éxito operativo es tener una relación armoniosa con el entorno, tener acceso a comprar los terrenos que se requieren para los componentes mineros, el PAD, el botadero, etc.  Así, el propietario que vende su terreno tiene un ingreso adicional y muchas veces también se convierte en proveedor de la mina. 

Están trabajando con la comunidad proyectos en salud y educación pero también productivos… ¿cierto?

Correcto.  Tenemos el programa PRA, para identificar en cada región actividades económicas potenciales distintas a la minería, en el caso de Cajamarca, claramente es la ganadería y la producción industrial de lácteos, los tejidos y también un proyecto forestal que se ha iniciado recientemente.  Este programa busca generar actividades productivas distintas al encadenamiento con la producción minera, pensando en el largo plazo. 

¿Con la presencia de Coimolache, a través de Tantahuatay, creen haber contribuido a mejorar la calidad de vida de la zona?

Sí, sinceramente creemos que sí. No solamente con la dinámica que genera una industria como esta en la zona.  También por el PRA, el programa de desarrollo productivo en la zona y lo tercero sería la dinámica que se ha generado con la compra de tierras, ese es otro factor que contribuye positivamente en la economía de la región.

Fuente: Revista MINERÍA & ENERGÍA Edic. 55 – Pag. 24.

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