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7 de diciembre de 2022
Minería

Ing. Rómulo Mucho: Reflexiones sobre las cabeceras de Cuenca

Cabeceras de cuenca es un término que carece de definición legal. Las zonas así denominadas sólo consideran la descripción y representación del relieve terrestre, también se les suele denominar cuencas altoandinas dado que son territorios entre los 3,000 y los 6,500 msnm. Estas partes altas tienen un potencial de retener, acumular y almacenar aguas que bajan de los glaciares, de las nieves, los humedales y las corrientes de agua subterránea. Las llamadas cabeceras de cuenca se pueden relacionar con las cuencas hidrográficas como una unidad de territorio natural donde es posible cuantificar la oferta de agua que se genera durante un ciclo hidrológico. Esto nos lleva a abordar el tema de precipitaciones pluviales según la altitud de la cuenca hidrográfica, debido al conjunto de nubes que se distribuyen en la tropósfera y la estratósfera. Las nubes denominadas nimbo estratos, estratos y cúmulos se establecen desde 1,000 hasta 3,000 msnm y estos producen la mayor precipitación pluvial. Las nubes estratocúmulos, cumulonimbos y altoestratos que se asientan entre los 3,000 y los 6,500 msnm producen precipitaciones en menor cantidad conforme sube la altitud. Este simple pero objetivo análisis nos dice que el agua no se genera en su mayor parte en las denominadas cabeceras de cuenca, como se quiere hacer entender.

El tema de cabecera de cuenca y su intangibilidad, nace de una posición política e ideológica anti inversión especialmente anti minera, para no permitir o restringir actividades económicas especialmente de carácter extractivo. Quienes están impulsando la intangibilidad de las cabeceras de cuenca pregonan que la minería contamina las aguas y suelos en las partes altas de la cuenca impidiendo de esta manera la agricultura y la ganadería en las partes media y baja. Esta posición se rebate fácilmente con evidencias. En los territorios alto andinos donde hay actividad minera formal, también se desarrolla agricultura y ganadería en las partes medias y bajas.  El que la agricultura familiar alto andina sea una agricultura de subsistencia, no se debe a la actividad minera. Se debe al histórico abandono del Estado que jamás se ha preocupado por brindar tecnología a los agricultores para incrementar su productividad agropecuaria y menos aún, ha tratado de formar los corredores económicos que son los que sacarán a los campesinos de la pobreza.

La pobreza de la agricultura alto andina no se elimina impidiendo que se desarrolle paralelamente la minería en el mismo territorio, se eliminará luego de un profundo estudio y análisis multisectorial de todos los actores; gobierno, empresas mineras, forestales, usuarios de ciudades y comunidades y la academia. El abordaje académico de lo que es una cabecera de cuenca servirá como herramienta para lograr el desarrollo territorial de la cuenca y a la vez gestionar las políticas de prevención que permitan reducir los desastres naturales cuando se generan grandes precipitaciones conocidos como todavía como “fenómeno del Niño”. No todas las cuencas tienen la misma capacidad para concentrar o almacenar grandes volúmenes de agua, por ejemplo, las cuencas altas de gran pendiente y con macizo rocoso no pueden retener agua. Sólo las rocas sedimentarias y cársticas pueden almacenar agua. La corteza terrestre o subsuelo no produce agua, solo la almacena.

La Autoridad Nacional del Agua (ANA) mediante la Ley 29338, Ley de Recursos Hídricos, es el ente rector del Sistema Nacional de Gestión de Recursos Hídricos que establece criterios, lineamientos, programas y proyectos para el uso racional y armonioso del agua en el Perú. El 2017 se promulgó la Ley 30640 que modifica el Art. 75 de la Ley 29338 y lo sustituye con “El Estado reconoce como zonas ambientalmente vulnerables de cabecera de cuenca donde se originan los cursos de agua de una red hidrográfica. La Autoridad Nacional del Agua con opinión del Ministerio del Ambiente puede declarar zonas intangibles en las que no se otorga ningún derecho para uso, disposición o vertimiento de agua. Asimismo, debe elaborar un Marco Metodológico de Criterios Técnicos para la Identificación, Delimitación y Zonificación de las cabeceras de cuenca de las vertientes hidrográficas del Pacífico, Atlántico y Lago Titicaca”. A fecha no se tiene conocimiento de este marco metodológico. La ANA debiera ser una entidad científica, técnica, autónoma y meritocrática, cuyo periodo de trabajo debe ser independiente de los períodos de gobierno y no estar dentro de un ministerio. La gestión eficiente del agua para distintos usuarios es clave para lograr el desarrollo de nuestro territorio.

La ANA ha delimitado 159 cuencas hidrográficas por medio de la metodología Pfafsteter, que es una metodología para describir la topología de las cuencas, es decir, la anatomía regional de la red hidrográfica de drenaje. Este organismo ha publicado un estudio para la identificación de cuencas de interés nacional mediante una metodología de selección de 14 criterios y 20 indicadores por cada componente ambiental, hidrológico, económico y social. Algunos de los criterios utilizados son: calidad de recursos hídricos, conservación de recursos hídricos, demanda y oferta hídrica, riesgos por inundaciones, estado de desarrollo de estudios de agua, disponibilidad de información, explotación de acuíferos, retribución económica por el vertimiento de agua residual, conflicto por el uso del agua, población, pobreza, organización y Consejos de Recursos Hídricos de Cuenca. Estos estudios establecieron los ámbitos de las autoridades administrativas del agua, 7 en la vertiente del Atlántico, 5 en la vertiente del Pacífico y 1 en la vertiente del Titicaca.

Esperemos que sobre este tema prime el diálogo técnico y académico basado en la evidencia científica. Sería lamentable que una vez más se impongan los apetitos políticos e ideológicos que se oponen a la inversión con énfasis en los sectores extractivos. La minería es fundamental para nuestro desarrollo y se complementa con las actividades agropecuarias. Muy por el contrario, en lugar de estar buscando que enfrentar estos importantes sectores productivos, debiéramos estar analizando y planificando la mejor manera de formar sinergia entre ambos. Los recursos económicos que genera la minería debieran ser usados para tener una agricultura familiar alto andina que es nuestra seguridad alimentaria y que no merece estar en el actual estado de subsistencia.

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