3 de agosto de 2026
Minería

El 43.2% del zinc peruano es producido por Antamina, Volcan y Nexa

La producción de zinc en Perú cayó 13.6% en mayo de 2026, con 104,728 toneladas métricas finas frente a las 121,151 del mismo mes del año anterior. No es un dato menor: Perú es el tercer productor mundial de zinc, y una contracción de esa magnitud en un solo mes envía señales que los traders en el LME leen con atención. Antamina, Volcan y Nexa Resources concentran el 43.2% de esa producción nacional — lo que significa que el desempeño de tres operaciones está determinando, en buena medida, cómo se comporta la oferta latinoamericana del metal.

La concentración en la producción de zinc no es un fenómeno nuevo en Perú, pero los números de mayo la vuelven imposible de ignorar. Antamina, operada en Áncash por un consorcio que incluye a BHP, Glencore, Teck Resources y Buenaventura, sigue siendo el motor más potente del sector. Volcan Compañía Minera, controlada en mayoría por Glencore, aporta volúmenes sustanciales desde sus operaciones en Pasco y Junín. Nexa Resources — la productora de zinc del grupo Votorantim — completa el trío con operaciones concentradas en la sierra central del país.

Que tres actores concentren 43.2% de la producción nacional implica un riesgo de estructura. Cualquier interrupción operativa, conflicto social o problema logístico en alguna de estas tres minas se traduce directamente en variaciones de exportación. El corredor minero del sur ha demostrado repetidamente cómo una protesta carretera puede paralizar miles de toneladas de concentrado. La sierra central no es inmune a esa dinámica.

Áncash se consolidó como la región más productiva del país en zinc, concentrando el 29.7% del total nacional. La presencia de Antamina en esa cifra es determinante. La mina polimetálica — que produce cobre, zinc, plata y plomo en forma simultánea — opera bajo una lógica de optimización de cargas que no siempre prioriza el zinc cuando el cobre ofrece mayores márgenes. Cuando el precio del cobre sube, la cancha de zinc puede esperar. Esa flexibilidad operativa tiene costos visibles en los reportes mensuales.

ZINC EN UN CICLO DE RECUPERACIÓN INESTABLE

El zinc cotizaba alrededor de US$2,700 por tonelada en el LME al cierre del segundo trimestre de 2026, una recuperación parcial desde los mínimos de 2023, cuando el exceso de oferta de fundidoras chinas y la desaceleración industrial europea lo presionaron hacia los US$2,200. Ese rebote no ha sido lineal ni robusto — las fundidoras europeas que cerraron por costos energéticos en 2022-2023 no han vuelto a plena capacidad, y la demanda de la construcción china sigue sin recuperarse al ritmo que los modelos proyectaban.

Para los productores peruanos, el precio actual genera márgenes operativos positivos, pero ajustados. Volcan, que opera minas con costos de producción más elevados que Antamina, siente más ese ajuste. El costo de cash cost del zinc en las operaciones de altura de Pasco y Junín no compite en la misma curva de costo que las grandes operaciones a cielo abierto. Si el LME pierde terreno hacia los US$2,400, la conversación sobre racionalización de producción vuelve a la mesa.

La demanda industrial es el factor que más importa en la ecuación de mediano plazo. El zinc se consume principalmente en galvanización de acero — un proceso directamente ligado a la construcción y manufactura de infraestructura. China representa aproximadamente el 45% de la demanda mundial. Mientras el mercado inmobiliario chino no consolide una recuperación sostenida, el zinc carece del catalizador estructural que el cobre tiene en la electrificación. Esa diferencia importa cuando se analiza por qué la atención del capital inversor se concentra más en el cobre que en el zinc dentro de las carteras de mineras diversificadas como la propia Antamina.

LA CAÍDA DEL 13.6%

Una contracción mensual de 13.6% admite varias lecturas. La primera — y más optimista — es que mayo representó un mes de mantenimiento programado concentrado, el tipo de pausa que las operaciones polimetálicas hacen cada cierto tiempo para optimizar circuitos de flotación o renovar equipos de molienda. En ese escenario, junio y julio deberían mostrar rebote.

La segunda lectura es más incómoda. Si la caída refleja decisiones de optimización de portafolio — minas que bajan volúmenes de zinc para dedicar más tonelaje al cobre cuando el diferencial de precio lo justifica — entonces el dato de mayo podría repetirse con regularidad. Antamina es el ejemplo más claro de esta dinámica: su plan minero puede ajustar el mix de minerales según los precios relativos de sus cuatro metales principales.

La tercera posibilidad es la más estructural: agotamiento progresivo de leyes en zonas ya trabajadas, sin reemplazo inmediato de reservas equivalentes. Perú tiene una cartera de proyectos estimada en más de US$53,000 millones según el Ministerio de Energía y Minas, pero buena parte de esa cartera enfrenta los mismos obstáculos de siempre — consulta previa demorada, conflictos sociales irresueltos, y una inestabilidad política que en seis años produjo seis presidentes diferentes. Los proyectos de zinc que deberían estar en construcción hoy fueron postergados en 2021 y 2022, y esa postergación se está sintiendo en la producción de 2026.

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