En entrevista con la revista MINERÍA & ENERGÍA, James Valenzuela, presidente de INDUMIN, afirmó que la plataforma busca enfrentar el problema estructural de la pequeña minería, articulando tecnología, financiamiento y estándares para impulsar mayor productividad y sostenibilidad en el sector.
¿Cuál es el propósito estratégico de INDUMIN y cuál es el problema estructural de la minería a pequeña escala que busca resolver de manera directa?
El propósito estratégico de INDUMIN es contribuir a ordenar la conversación y la acción en torno a la minería a pequeña escala desde un enfoque de productividad y sostenibilidad. Durante muchos años, el debate ha estado dominado casi exclusivamente por la informalidad y la ilegalidad, que son problemas reales, pero no agotan la discusión.
El problema estructural que buscamos abordar es más profundo: la desarticulación de la cadena productiva. Tenemos miles de pequeños productores operando con baja mecanización, limitado acceso a financiamiento, escasa asistencia técnica y sin una integración real con la industria proveedora o con esquemas de trazabilidad robustos. Esa fragmentación perpetúa baja productividad, precariedad laboral y debilidad institucional.
INDUMIN no nace para reemplazar al Estado ni para dictar política pública, sino para generar un espacio técnico donde se discuta cómo cerrar esas brechas de manera integral: contratos claros, acceso a tecnología, fortalecimiento de capacidades y estándares progresivos. Si no abordamos la raíz estructural del desorden productivo, cualquier esfuerzo aislado seguirá siendo insuficiente.
¿Qué mecanismos específicos propone INDUMIN para cerrar brechas entre pequeños productores y la industria proveedora?
Más que imponer mecanismos, INDUMIN promueve condiciones para que esa articulación ocurra de manera efectiva.
Primero, generamos un espacio donde la demanda y la oferta tecnológica puedan dialogar con información clara. Muchas veces el pequeño productor no accede a tecnología no solo por falta de recursos, sino por falta de conocimiento sobre alternativas viables y escalables.
Segundo, incorporamos a la academia y a especialistas técnicos para que la conversación no sea únicamente comercial, sino también formativa. La transferencia tecnológica requiere capacitación, adaptación a escala y acompañamiento.
Tercero, promovemos la discusión sobre modelos contractuales y financieros que permitan que la mecanización sea viable. Sin estabilidad jurídica y sin esquemas que reduzcan riesgo, la tecnología no llega.
INDUMIN actúa como catalizador: no sustituye al mercado, pero ayuda a que las conexiones se den con más información, confianza y visión de largo plazo.
¿Cómo se desarrollará el evento para garantizar una articulación efectiva entre mineros y empresas proveedoras?
Hemos diseñado el evento combinando tres niveles de interacción.
El primero es el nivel técnico, con conferencias y paneles donde se discuten temas estructurales como trazabilidad, productividad, contratos de explotación y estándares ambientales. Esto eleva el marco conceptual común.
El segundo es el nivel de exhibición y demostración tecnológica, donde los proveedores pueden mostrar soluciones concretas adaptadas a pequeña escala. La clave es que no sea solo exhibición, sino explicación técnica y casos aplicados.
El tercero es el espacio de networking estructurado, donde facilitamos encuentros entre productores, proveedores, financistas y especialistas. La articulación no ocurre espontáneamente; requiere espacios diseñados para generar confianza.
Nuestro objetivo es que los participantes no solo intercambien tarjetas, sino que identifiquen oportunidades concretas de colaboración.
¿Cree que INDUMIN se posicionará como una plataforma de impacto real para el desarrollo sostenible de la pequeña minería?
Sí. INDUMIN nace precisamente para ocupar un espacio que hoy no existe con claridad en el sector: una plataforma especializada en productividad y articulación para la minería a pequeña escala.
Durante años, la discusión ha estado centrada casi exclusivamente en control y fiscalización. Es necesario, pero insuficiente. Si no incorporamos innovación, tecnología, financiamiento, encadenamientos productivos y estándares progresivos, el sector seguirá atrapado en baja productividad e informalidad estructural.
INDUMIN tiene la capacidad de convertirse en un referente porque articula academia, industria, proveedores, Estado y territorio en una misma conversación técnica. Esa combinación es poco frecuente y es justamente lo que puede generar impacto sostenido.
Nuestro objetivo no es realizar un evento aislado, sino consolidar una comunidad de trabajo que impulse mejoras concretas en el tiempo. Si logramos mantener ese enfoque estratégico y continuidad, INDUMIN no solo será un foro más en el calendario minero, sino un punto de inflexión en cómo el país aborda la minería a pequeña escala.
¿Qué resultados espera generar INDUMIN en términos de innovación, encadenamientos productivos y crecimiento regional?
Esperamos contribuir a tres dinámicas.
Primero, impulsar una cultura de innovación adaptada a pequeña escala. No se trata de replicar el modelo de la gran minería, sino de promover soluciones tecnológicas proporcionales y eficientes.
Segundo, fortalecer encadenamientos productivos. Una pequeña minería más organizada puede generar mayor demanda de servicios formales, mantenimiento, transporte, laboratorios y asistencia técnica, dinamizando economías regionales.
Tercero, fomentar una visión de crecimiento regional basada en formalidad y estándares progresivos. Cuando la actividad se ordena, mejora la recaudación, se reducen conflictos y se genera mayor previsibilidad para inversión local.
INDUMIN no transformará el sector por sí solo, pero puede contribuir a acelerar una transición necesaria hacia mayor productividad y sostenibilidad en las regiones donde la pequeña minería es parte relevante de la economía.


