La minería atraviesa un momento decisivo para su futuro. La aceleración tecnológica, la creciente complejidad de los desafíos operativos y ambientales, y la necesidad de innovar de manera constante están redefiniendo las capacidades que el sector requiere para seguir siendo competitivo y sostenible. A este escenario se suma un factor crítico que muchas veces se aborda de manera secundaria: la disponibilidad de talento capaz de sostener esa transformación.
En ese contexto, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia invita a poner sobre la mesa una conversación que es, ante todo, estratégica: cómo ampliar y fortalecer la participación de más mujeres en la base de talento científico y tecnológico —particularmente en carreras STEM— que la minería necesita para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.
La magnitud del reto se hace visible desde la formación. A nivel global, las mujeres representan apenas alrededor del 35 % de los estudiantes en carreras vinculadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, según datos de la UNESCO. En el Perú, esta brecha se reproduce desde las aulas, limitando tempranamente la incorporación de más mujeres a la base de talento disponible para industrias intensivas en conocimiento.
Esta realidad formativa tiene un impacto directo en sectores como la minería, donde la demanda por perfiles científicos y tecnológicos es cada vez mayor. La transformación que vive hoy la industria —impulsada por la digitalización, la automatización, el análisis de datos y el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas— está elevando de manera sostenida la necesidad de talento especializado. Desde los espacios de articulación del Hub de Innovación Minera del Perú, esta presión es evidente: las empresas requieren más capacidades técnicas y científicas para sostener una minería moderna, eficiente y alineada con estándares globales.
Sin embargo, la participación de mujeres en estas disciplinas sigue siendo limitada. Esto reduce el universo de talento disponible en un contexto donde el sector ya enfrenta una creciente escasez de profesionales calificados. El mensaje es claro: ampliar la base de talento técnico y científico incorporando a más mujeres no es solo deseable, es indispensable para fortalecer la capacidad de innovación, productividad y adaptación de la industria.
Hablar de mujeres en ciencia y tecnología no es, por tanto, un asunto meramente social. Es una discusión económica y estratégica para el desarrollo del sector y del país. En una industria caracterizada por la gestión de riesgos, la toma de decisiones complejas y la necesidad de soluciones innovadoras, prescindir —aunque sea de forma estructural— de una parte significativa del talento disponible constituye una ineficiencia que la minería del futuro no puede permitirse.
Cerrar esta brecha requiere una mirada de largo plazo. Implica trabajar desde las etapas tempranas del sistema educativo, acercando a niñas y jóvenes a las ciencias y la tecnología, pero también exige acciones coordinadas entre la industria, el Estado, la academia y los espacios de articulación público-privada. No se trata solo de incentivar vocaciones, sino de construir trayectorias reales de desarrollo, permanencia y crecimiento del talento femenino en el sector.
Impulsar la participación de más mujeres en la ciencia y la tecnología es una condición necesaria para asegurar la competitividad de la minería en los próximos años. La industria será cada vez más tecnológica, más compleja y más exigente en términos de capacidades. Para estar a la altura de ese desafío, necesitamos todo el talento disponible, sin excepciones.
Porque, en última instancia, la pregunta que el sector debe hacerse no es si puede darse el lujo de invertir en el talento femenino, sino si puede permitirse seguir operando con una base de capacidades incompleta en un contexto global cada vez más competitivo. La minería que aspira a liderar el futuro no puede hacerlo dejando talento fuera de la ecuación.
Fuente: INBOBAE.
