Al presidente Nayib Bukele se le ha cuestionado la severidad de la política carcelaria que aplica en El Salvador, tildándola de contraria o violatoria de los derechos humanos, estas afirmaciones provienen, en la mayoría de los casos, porque se desconoce la lógica detrás del accionar de la criminalidad.
Generalmente, el accionar delictivo se ejecuta en banda donde existe planeación, ejecución, ocultamiento, receptación y, según sea el caso, hasta comercialización del objeto sustraído. Mientras se produzca mayor violencia, el delincuente logra un mayor reconocimiento al interior de la organización criminal, inclusive, si alguno de sus miembros traiciona a su cohorte, el nivel de salvajismo se vuelve extremo.
Una persona habituada a cometer delitos se encuentra en un proceso de animalización permanente, se aleja de la razón y, por lo tanto, de los valores y de la jerarquización que les otorga la ética. Para que un delincuente vuelva a presentar una conducta basada en valores previamente se le debe alejar de la escala valorativa que conduce su accionar.
Hans Kelsen, el jurista austro-húngaro (1881-1973), en su Teoría Pura del Derecho concluye que toda norma emana de otra norma y que su origen último sopone la presencia de una norma hipotética fundamental necesaria para postular la validez del derecho. Una Constitución se encuentra en la cúspide jurídica normativa porque los ciudadanos de un país acuerdan respetarla, confían en que dicho documento es la base fundamental para el establecimiento de relaciones y resolución de eventuales conflictos entre sus ciudadanos y organizaciones (personas jurídicas). El cumplimiento de reglas básicas en una sociedad presupone un espacio normativo donde se respeta el Principio de Autoridad y es el estado el encargado de ejercer el jus imperium.
Si “el principio de autoridad” en una organización delictiva conduce hacia la animalización de las personas, lo primero que debe de hacerse es acabar con dicha percepción posicionada en la mente de quien delinque para lograr una readaptación efectiva.
Cuando en El Salvador se imponen reglas penitenciarias como horarios para el aseo, limpieza, alimentación, corte de cabello, uniformidad en el vestido, entre otros; lo que en realidad está haciendo la autoridad es imponer un nuevo orden en el imaginario del delincuente. El orden anterior impuesto por la criminalidad se acabó en su esfera personal, el proceso de aceptación y adaptabilidad al nuevo orden implica riesgos para quienes ejercen la autoridad (desde identificación con los delincuentes hasta complicidad y corrupción), por eso se producen motines, como consecuencia de actos de rebeldía o manifestaciones contra abusos perpetrados por los guardianes. Mientras el prisionero no acepte la norma hipotética fundamental en el ambiente carcelario, la fortalece de las normas disciplinarias deben mantenerse.
Cuando el antiguo orden es valorado como negativo por el delincuente, recién empieza el proceso de resocialización. Los delincuentes salvadoreños saben que sus autoridades no toleran la impunidad ante el delito, que su única opción es obedecer y trabajar en lo que la autoridad le asigne. Posteriormente, en lo que las competencias del resocializado lo permitan.
El sistema carcelario implementado por el presidente Bukele es tan respetuoso de los Derechos Humanos que ha resultado exitoso para el conjunto de los ciudadanos de su país, porque hasta los delincuentes que se encuentran recluidos en la cárcel del CECOT son conscientes que el Principio de Autoridad que tiene como norte la efectiva recuperación del prisionero los dignifica cuando llegan a la etapa de reinserción laboral, aunque sea dentro del penal porque los hace productivos y desde allí pueden apoyar económicamente a sus familias.
Desde entonces, recuperan sentimientos positivos hacia su núcleo familiar que finalmente extrapolan a la sociedad.
